Problemáticas criminológicas como objeto de política pública
La política pública, cuando se orienta al ámbito del delito y la seguridad, se enfrenta el desafío de abordar realidades profundamente complejas, sensibles y mediadas por múltiples factores sociales, culturales, económicos e institucionales. Las problemáticas criminológicas como lo es el narcotráfico, la violencia intrafamiliar, el pandillerismo, la corrupción, el hacinamiento carcelario o la criminalidad juvenil no sólo deben de ser reconocidas como hechos empíricos sino también como construcciones sociales que atraviesan y condicionan la agenda gubernamental.
Para entenderlas como un objeto legítimo de política pública es necesario analizar los distintos enfoques desde los cuales se les responde y claramente cómo esas respuestas reflejan misiones específicas del rol del estado, la ciudadanía y el castigo.
La construcción social del delito y la agenda pública
Primeramente, se entiende que el delito no es solo un acto jurídico tipificado, es también una construcción cultural y política. Cómo sostienen autores críticos de la criminología, lo que una sociedad define como un crimen y más aún lo que se prioriza como un problema público, está fuertemente influido por lo que son los medios de comunicación, las emociones colectivas, los intereses partidarios y los prejuicios social.
Por ejemplo, ciertos delitos como los económicos o ambientales suelen tener menos visibilidad que los delitos callejeros, a pesar de su enorme impacto social. Esto se debe a un proceso de selección simbólica donde el poder mediático y político define qué delitos en realidad son urgentes, qué grupos sociales son vistos como peligrosos y qué respuestas deben adoptarse.
Por consiguiente, es importante mencionar la sensación de la inseguridad, este es otro concepto emergente del nuevo paradigma de prevención y de acuerdo con Beltrame (2009, p. 6) se refiere a la sensación de temor al delito por parte de la ciudadanía, y el “incremento de las campañas de mayor demanda de seguridad, con amplia difusión mediática contribuye a avivar la sensación de inseguridad en la sociedad”. Por lo anterior, el Estado busca legitimarse por medio del uso de la política penal al “perseguir determinados delitos que conmueven a la opinión pública aunque no necesariamente al orden social”.
Este proceso de construcción condiciona directamente la agenda pública, lo que quiere decir, problemas que son reconocidos como prioritarios por el Estado y la sociedad. Aunque, solo una parte limitada de las problemáticas criminológicas logra ingresar en la agenda gubernamental, y lo hacen casi siempre mediante mecanismos de presión social, escándalos públicos o crisis de seguridad.
Enfoques preventivos, punitivos y restaurativos
Frente a estas problemáticas previamente expuestas, las políticas públicas suelen responder desde tres grandes enfoques: el preventivo, el punitivo y el restaurativo; cada uno con sus propias lógicas, herramientas, riesgos y promesas.
1. 1. Enfoque preventivo:
El enfoque preventivo se centra en reducir las causas del delito antes de que ocurra, por lo cual, implica intervenciones tanto educativas, comunitarias, estructurales, como orientadas a disminuir los factores de riesgo y aumentar los factores de protección. Siendo un enfoque donde se entiende que la criminalidad no es resultado de la maldad individual, sino de condiciones sociales que pueden transformarse.
Como por ejemplo, los programas de atención a la niñez en riesgo, las políticas de urbanismo seguro, la promoción del empleo juvenil o el trabajo en masculinidades no violentas, siendo acciones preventivas que buscan transformar contextos para evitar la aparición de comportamientos delictivos.
Este es un modelo consistente con una visión integral de seguridad ciudadana y derechos humanos, aunque muchas veces requiere una inversión a largo plazo y no genera resultados inmediatos que sean políticamente visibles.
A continuación, se presenta el siguiente video donde se habla sobre los tres niveles de prevención del delito y cómo se aplican en la lucha en contra de la delincuencia:
22. Enfoque punitivo:
Por otro lado, el enfoque punitivo se basa en la respuesta coerciva del Estado frente al delito; este se expresa a través del sistema penal como la policia, la fiscalía, tribunales y cárceles. Este enfoque considera que el castigo como la privación de libertad u otras sanciones, siendo así el medio adecuado para generar disuasión, neutralización del infractor y restauración del orden.
Sin embargo, muchos estudios han demostrado a lo largo de los últimos años que un uso excesivo del castigo, en realidad, no resuelve las causas del delito, genera altos costos sociales como lo es el hacinamiento carcelario y reproduce las desigualdades estructurales. A pesar de todo esto, el enfoque punitivo mantiene una gran fuerza en el discurso público y político, ya que ofrece respuestas rápidas, visibles y simbólicas a la demanda de seguridad.
Este modelo es funcional para lo que es el populismo penal, que asocia la mano dura con la eficacia, y que muchas veces ignora la evidencia empírica sobre su escasa efectividad real, y a como se mencionó en la entrada anterior, la política criminal no debe confundirse con una política de castigo.
3. 3. Enfoque restaurativo:
El enfoque restaurativo propone una visión alternativa del conflicto penal; en lugar de centrarse en el castigo, este busca reparar el daño causado, restaurar las relaciones y empoderar a las personas afectadas como las víctimas, ofensores y la comunidad. Esto es parte del principio de que la justicia no debe ser sólo retributiva, sino también transformadora.
Este enfoque se materializa en prácticas como la mediación penal, los círculos restaurativos, la justicia juvenil restaurativa y los programas de reconciliación comunitaria. Teniendo así una fuerte base ética, pero también evidencia empírica que demuestra su gran capacidad para reducir la reincidencia y mejorar la satisfacción de las víctimas.
En este caso, su principal desafío es institucional ya que requiere de Marcos legales claros, formación de facilitadores y la voluntad política para alejarse del paradigma punitivo dominante. Asimismo, enfrenta resistencias culturales, ya que propone una lógica distinta a la tradicional justicia penal.
De acuerdo con lo anterior, el siguiente artículo publicado el 16 de mayo de 2025 subraya la necesidad de priorizar estrategias no punitivas para abordar la criminalidad; en este texto se realta que las cárceles tienen un impacto limitado en la reducción del delito y, en cambio, los programas comunitarios, educativos y psicosociales, han demostrado mayor eficiencia en la rehabilitación y readaptación de las personas infractoras.
Esta perspectiva respalda el enfoque restaurativo que busca reparar el daño y fortalecer los vínculos sociales, antes que recurrir al aislamiento. Así la prevención y la crítica a la prisión como respuesta primaria se posicionan como pilares de una política más humana, sostenible y orientada a la justicia social, alineándose con evidencia local e internacional que promueve soluciones estructurales por encima del castigo.
A continuación se presenta el enlace de la noticia: La prevención es más efectiva que las cárceles
A modo de conclusión, para comprender las problemáticas criminológicas como objeto de política pública, implica aceptar que la seguridad no puede reducirse a la lógica penal, ya que se requiere una articulación de enfoques basa en evidencia, derechos y participación ciudadana.
Además, es urgente ampliar la mirada sobre qué se considera delito y qué respuestas son legítimas y eficaces, ya que no todo problema se debería de resolver con castigos y no toda prevención es ingenua o ineficaz. Las políticas públicas deben ser capaces de integrar estrategias preventivas estructurales, respuestas penales proporcionales y mecanismos restaurativos efectivos.
Como sostienen diversos documentos, la política criminal debe ser concebida como una política pública deliberada, evaluada y sujeta al control ciudadano; esto exige no solo criminólogos bien formados, también sociedades dispuestas a discutir críticamente sus miedos, prejuicios y demandas de seguridad.
Referencias Bibliográficas
Beltrame, F. (2009). La construcción social del delito y estrategias de prevención. Universidad de Buenos Aires. https://cdsa.aacademica.org/000-062/290.pdf
La República. (16 de mayo de 2025). Costa Rica: La prevención es más efectiva que las cárceles.https://www.larepublica.net/noticia/costa-rica-la-prevencion-es-mas-efectiva-que-las-carceles
LISA News. (s.f.). Curso de experto en prevención del Delito [Imagen 1]. https://www.lisanews.org/formacion/curso-experto-en-prevencion-del-delito/
SFPIE UV. (22 de mayo de 2023). Los tres niveles de prevención del delito [Archivo de Video]. Youtube. https://youtu.be/56Si95JQynk?si=cwBeVD--K0Xh5gBs

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